El Auditorio Mario Laserna de la Universidad de los Andes recibió el concierto de la Banda Filarmónica Juvenil (BFJ)—agrupación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá—en el marco del XIX Encuentro Distrital de Bandas 2026. Bajo el título «Ritmos y herencias latinoamericanas», el programa ofreció un recorrido extenso por la música del continente, interpretado por este fantástico grupo de jóvenes que presentó una interpretación fiel a las raíces originales de los estilos de las obras. El concierto estuvo bajo la dirección de Andrés Francisco Cristancho Cáceres, quien sumó algunas de sus reconocidas versiones musicales para el formato de Banda Sinfónica.
La presentación abrió con la música andina colombiana a través de La Perla del Ruiz, la famosa danza de Luis A. Calvo. Esta versión se basó en la expansión para banda que Francisco Cristancho Hernández realizó a partir de su trabajo con la histórica Orquesta Colombiana. La obra requirió un trabajo de balance minucioso, comenzando en Sol Mayor con un fraseo suave a cargo del quinteto de saxofones y las maderas, que tejieron contracantos constantes. Tras la modulación a Do Mayor, las flautas y los clarinetes tomaron el mando con una articulación rápida y ligera, sostenidos por el fondo de los cornos, logrando un cierre limpio y equilibrado.
Inmediatamente después llegó el de mayor exigencia de la velada: el estreno absoluto de Bitácora de asfalto y tambor, del compositor Andrés Acosta Rojas y dedicada al maestro José Rafael Pascual-Viaplana. La partitura planteó una propuesta abstracta del mestizaje americano, explorando las raíces árabes, españolas y africanas mediante texturas superpuestas que imitaban el entorno de la ciudad. En esta obra, la percusión funcionó como el motor estructural y latido de la pieza, exigiendo un control estricto de las transiciones métricas y los cambios de velocidad para que los vientos mantuvieran la claridad melódica.
El tercer turno fue para Cachaco, compuesta en 1983 por Francisco Cristancho Hernández y dedicada a su hijo. Es una pieza compleja, con acordes extendidos de jazz moderno y modulaciones sorpresivas. Las maderas altas (flautas y clarinetes) tuvieron que resolver saltos de registro extremos con articulaciones rápidas, mientras que los metales mantuvieron una proyección firme sin descuidar la afinación. La obra destacó por sus cambios de tempo, transformando el pasillo inicial en bambucos de intensidad creciente hasta cerrar en un pasaje llanero veloz y amarrado.
Posteriormente, la banda interpretó Abriendo puertas, obra de Flavio Enrique Santander Lora. El arreglo, también escrito por el director, trasladó la energía rítmica de la pieza al formato de banda sinfónica, manteniendo un pulso constante y una distribución equilibrada de las líneas melódicas entre las maderas y los metales para sostener el carácter vivo de la obra.
Hacia el cierre del programa oficial se presentó El Manisero, de Moisés Simón Rodríguez. La obra inició con la transparencia de un son cubano y fue creciendo hasta la densidad de una Big Band de Latin Jazz. Los propios instrumentistas de la banda asumieron los pasajes solistas: Santiago Beltrán en la tuba mostró agilidad digital en contratiempos rápidos, dialogando con el clarinete de Dagoberto Gutiérrez, mientras Oswaldo Narváez manejó el bloque del mambo desde la marimba. Por encima de la exigente sección de metales, que incluyó notas sobreagudas en las trompetas, la voz de Isabella Ruiz—incorporada al ensamble desde 2025 por propuesta de la dirección artística ante la OFB—se integró con claridad al balance de la banda y a esta versión musical.
La última obra del repertorio regular fue La Piragua de José Barros, adaptada con un aire de funk latino. Inició con un diálogo directo entre el bajo eléctrico y la trompeta, dejando luego el espacio al primer clarinete para ejecutar pasajes solistas en la parte frontal. El ensamble sorteó con precisión las amalgamas rítmicas antes de modular hacia Sol menor, cerrando con las pausas de estructura diseñadas para la interacción con el público.
Fotos
Explora el registro visual de la trayectoria de Andrés Francisco Cristancho. Una galería exclusiva de fotos y videos de su dirección de orquesta, proyectos sinfónicos crossover y momentos de gala que definen su visión artística e innovadora.
Como broche de oro y a modo de bis, la agrupación cerró la noche con Colombia Tierra Querida de Lucho Bermúdez. Respetando la tonalidad original en Sol menor, esta versión funcionó como un porro sinfónico imponente donde los metales tocaron con fuerza pero con el control dinámico necesario para no opacar las maderas ni la línea vocal de Isabella Ruiz, consolidando el éxito de una presentación sólida de la Banda Filarmónica Juvenil.
La memoria visual de este gran encuentro estuvo a cargo de Kike Barona, fotografó oficial de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, quien documentó en fotos cada detalle y momento del concierto. Arriba se deja el álbum de la presentación para revivir las mejores postales que dejó esta noche de música.

